Los muros que no permito

los muros

Hay dos clases de muros en esta vida, aquellos realizados en concreto, ladrillos y piedra y otros, mucho más peligrosos que habitan en nuestro interior. Creo profundamente que los seres humanos hacemos elecciones en todo momento. Siempre que llevamos a cabo esa dura tarea de decidir tomamos postura,  al hacerlo algo se pierde ¿en la Venezuela de hoy qué elegimos y qué perdemos? Es una pregunta que lleva días asaltándome, recientemente conversando con un querido amigo pude esclarecer.

Llevamos más de 60 días de protesta, resistencia, en definitiva rebelión ciudadana frente a un Estado que se encuentra resuelto a desconocer la voluntad de un pueblo… En estos días hemos marchado insistentemente, siguiendo la mayor parte de las veces la misma ruta, que convoca hacia los poderes públicos para reclamarles que tomen una postura en favor de la mayoría que pide cambio… aun cuando se han posicionado del lado del opresor.

En esta ruta ya conocida por quienes estamos resueltos a no renunciar a nuestros derechos, siempre nos topamos con un piquete de la Guardia Nacional; que se encuentra cada vez más adelantado, y del que se desprende como estruendo una violencia desproporcionada ante el desafío de quienes insisten que su voz sea escuchada. Me he preguntado ¿hasta cuándo vamos a seguir el mismo camino? ¿la gente no se va a cansar de que siempre nos impidan pasar?

El piquete se ha vuelto un muro que busca dividir la ciudad en dos, el este y el oeste, como si el problema se tratara de un mero asunto territorial, o del descontento de una clase pudiente que no tiene derecho a perturbar la paz del pueblo. Esta es la lógica que nos plantea el opresor… en la que se erige como protector de la paz, y como tal nos prohíbe acceder a sus santuarios.

Lo que parece escaparse a este argumento es que el descontento no habita nada más en los venezolanos de clase media o alta. Recorre Venezuela desde los extremos de nuestra guajira hasta lo profundo del delta. Hoy los ciudadanos claman por una respuesta que no admite dilaciones. Corremos un grave riesgo… Creer que no podremos cruzar esta barrera que se nos impone.

El muro existe físicamente, pero ese tipo a lo largo de la historia ha sido derribado (pregúntenle a los habitantes de Berlín). Peligroso es aquel que la dictadura busca edificar en nuestro espíritu, que nos divida irremediablemente y nos haga sentir impotentes frente a su violencia, obligándonos a replegarnos cada vez más, hasta permanecer muy callados, haciéndonos los muertos (como pose y como consecuencia)…

Este es el tipo de muro que de ningún modo pienso permitir en mi vida. Si, puede que llegar miles de veces al mismo punto y ver cómo nos reprimen frustre. Puede que el gas, los perdigones, las metras, los gritos, la desesperación consigan dañar nuestro cuerpo y atemorizarnos… Sobran los testimonios. Cuando nos permitimos aceptar que no podemos pasar, que no tenemos derecho o creemos que será imposible es entonces cuando el opresor consiguió su propósito, callarnos, y hacernos un cuerpo obediente para su disfrute… ¡Me rehuso!

Hoy más que nunca debemos insistir y demostrar que podrán trancar nuestro paso, pero no nuestra conciencia, pueden impedir que nuestro cuerpo se desplace pero no nuestros sueños y nuestra libertad. Sé que en la medida que seamos capaces de reconocer el enorme poder que tienen nuestras convicciones y resolución a hacer de este un mejor lugar para todos, podremos vencer cualquier barrera que nos impongan.  Nuestro trabajo es encontrar la esperanza que haga posible descubrir escaleras, puentes y cuerdas que nos permitan cruzarlos…

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