Calidez: Brindar Seguridad y Afecto.

brindar calidez

Ser capaces de manejar las situaciones de crisis sin violencia requiere como hemos referido antes conocernos, y ser conscientes de nuestras emociones, tener objetivos a largo plazo que orienten nuestro ejercicio de crianza y las relaciones que construimos. Sin embargo, en la cotidianidad hace falta acompañar esta práctica de otras herramientas, en esta ocasión quiero hablar de una de las dos claves que podemos utilizar para tal fin: la calidez.

Hablar de calidez significa proporcionar seguridad y confianza. Todos necesitamos sentir estos elementos para conseguir desarrollarnos y funcionar cotidianamente, sin embargo, en la cotidianidad esos mandatos culturales nos llevan a actuar en una dirección completamente opuesta. Es harto común escuchar “no cargues al niño porque se malcría”, o “déjalo llorar, si no va a saber resolver”… Entre otras frases de similar tenor. Lamento desilusionar a quienes leen este artículo si esperan encontrar acá un apoyo a esa forma de manejar la crianza, pero la propuesta apunta en una dirección completamente diferente.

El modelo de disciplina positiva plantea un principio fundamental: los niños no saben regularse, aprenden a regularse con nuestro apoyo, en ese sentido, no consiguen calmarse solos, no se fortalecen porque los sometamos a experiencias límite, sino que por el contrario, eso mella su desarrollo físico, mental y psicológico. De lo que se trata es de ir proporcionando seguridad y afecto como padres o cuidadores a los niños, de modo tal que poco a poco estos sean capaces de regular, nombrar e identificar sus emociones.

Cuando negamos el consuelo o la seguridad que nuestros niños buscan en nosotros estamos generando sentimientos ambivalentes que probablemente consigan ese tan temido mal de la “malcriadez”. Si nosotros somos capaces de apoyar, contener y hacerles saber que estamos allí para ellos, seremos capaces de proporcionarles una base sólida a partir de la cual sostener todos los procesos de exploración y aprendizaje propios de su momento vital.

Con la intención de hacer una pequeña introducción al tema debo referir que la calidez según Durrant (2013) tiene 6 aspectos claves, los cuales abordaremos brevemente:

  1. Asegurar que su hijo o hija se sienta seguro: Es fundamental que les hagamos saber que cuentan con nuestro apoyo independientemente de la circunstancia, que estamos para protegerles. En momentos de crisis es vital que antes de poder abordar cualquier problemática les hagamos sentir seguros y fuera de peligro. Si por la circunstancia en la que nos encontramos el peligro externo permanece latente, debemos permanecer junto a ellos si lo desean, para hacerles saber que cuentan con nuestro apoyo y protección ante cualquier riesgo.
  2. Asegurar que su hijo o hija se sienta amado, sin importar qué haga: Muchas veces por los problemas cotidianos que tenemos (en especial en tiempos de crisis) podemos estar irritables o menos receptivos a las interacciones con otras personas. Sin embargo, nuestros hijos pueden encontrar dificultades para comprender esto y pensar que hemos dejado de quererles, en especial si hemos utilizado el afecto como amenaza ante el mal comportamiento que puedan presentar en determinadas ocasiones. Es fundamental que les hagamos saber que nuestro amor está allí independientemente de lo que hagan, que podemos estar preocupados por otras cosas o inclusive disgustados en algún momento por alguna situación con ellos (si fuese el caso) pero que no dejamos de quererles. Si piensan que podemos dejar de quererlos probablemente se mostrarán más ansiosos, más demandantes de nuestra atención, lo cual puede generar una escalada en la tensión dentro del hogar. Recordemos que la base fundamental de la calidez es brindar seguridad.
  3. Mostrar amor en palabras y acciones: No basta con que asumamos que nuestros hijos se sepan amados o queridos por nosotros, es fundamental hacerlo explícito, decírselos, especialmente en situaciones difíciles, donde probablemente se pregunten por este tema. Nuevamente conviene señalar, que expresar claramente nuestro afecto no los hará más débiles, sino que por el contrario los fortalecerá en la medida que serán capaces de recibir afecto y darlo, de reconocer las emociones de otros y sentirse con la libertad de expresar las suyas. No obstante, solamente expresar nuestro afecto en palabras sin acciones que lo acompañen sería insuficiente. Requerimos demostrar en momentos de compartir, gestos y detalles lo que sentimos. No se trata de avasallar en acciones, sino que las demostraciones no se vuelvan infrecuentes y cuando aparezcan produzcan desconfianza. Demostrar el afecto es una reafirmación del sentir, y por ello hay que imaginar que se trata de una avenida de dos vías, una que dice y explicita lo sentido, y otra que sostiene, realiza y da contenido a lo dicho. Puesto que hacer sin decir, tampoco es suficiente y deja lugar a los malos entendidos
  4. Reflexionar sobre cómo su hijo o hija piensa a esta edad: Los niños, niñas y adolescentes son sujetos en desarrollo, y van adquiriendo diversas capacidades para comprender y manejarse en su entorno, sin embargo, este proceso es gradual y dependiendo del momento de su desarrollo entonces tendremos formas particulares de pensar, sentir y actuar. Por ejemplo si su hijo o hija tienen 2 meses, no existe forma de que se coloque en su lugar y comprenda que usted está preocupado por la situación del país, o inclusive comprenda que hay un riesgo en la comunidad o que usted no ha podido dormir en varios días. Si tenemos conocimiento de esto, podemos saber que sus reacciones “no me las hace a mí”, y es algo que escapa de su comprensión. Un niño entre 3 y 5 años puede preguntar insistentemente en momentos inadecuados, y no busca provocarnos, no lo realiza para producirnos malestar, puesto que esa es su forma de aprender en ese momento particular. Si reflexionamos sobre como sienten y piensan nuestros hijos e hijas a determinada edad, seremos capaces de brindar respuestas adecuadas al contexto, así como de sentirnos más orientados en el proceso. Ello requiere por supuesto que estemos altamente informados y preparados para los desafíos de cada edad (en entregas posteriores presentaremos contenidos específicos para cada edad, que puedan servir como orientación).
  5. Reflexionar sobre qué necesita su hijo o hija a esta edad: Como cada edad tiene características particulares, así mismo son las necesidades. Probablemente en los primeros años de vida requieran más tiempo directo de interacción, de supervisión y de acompañamiento, mientras que en la adolescencia requieran otras aproximaciones y manifestaciones de afecto. Es normal que los niños más pequeños necesiten expresiones afectivas de naturaleza más física que los adolescentes, los cuales quizá requieran sentir más bien que confiamos en ellos o respetamos sus puntos de vista. Así mismo, tomar en consideración qué pueden necesitar es clave en contextos de crisis, donde probablemente deemos tener el teléfono, los televisores o dispositivos conectados a las noticias constantemente, y sin embargo, deba interrumpir ello para que mi hijo o hija pueda ver alguna comiquita que le guste, o entretenerse de algún otro modo. En este sentido, es fundamental considerar que aunque la crisis es real y nos afecta a todos, las necesidades de recreación y esparcimiento deben ser tomadas en serio. No es una vanalidad que los niños quieran jugar, es fundamental para su desarrollo y requerimos encontrar espacios seguros para hacerlo posible.
  6. Reflexionar sobre cómo se siente su hijo o hija: Así como es vital reconocer cómo nos sentimos como padres o cuidadores, también lo es comprender cómo se sienten los niños niñas y adolescentes. Existen diversas vías a través de las cuales adentrarnos en este tema: preguntarles, aunque parezca obvio, no siempre lo hacemos en la cotidianidad; para ello debemos tener presente el momento evolutivo, dado que un bebé recién nacido no nos ofrecerá una respuesta a una pregunta como la formulada. Otra forma es observar, de qué forma se están comportando, ¿han cambiado sus hábitos? (forma de comer, dormir entre otros), ¿ha cambiado la forma en que se relaciona? (está más alejado, retraido, temeroso, irritable) ¿cómo juega? (los niños muchas veces no verbalizan lo que afectivamente les está ocurriendo, sobre todo en los primeros años de vida, sin embargo, en el espacio del juego representan los temas y aspectos que le generan preocupación) y por último comprender: especialmente en contextos de crisis si identificamos que nuestros hijos e hijas se encuentran emocionalmente afectados, bien sea por que se sientan tristes, tengan miedo o estén irritables. Debemos evitar reaccionar como si nada pasara o reclamarles por cómo se sienten. Debemos respetar sus sentimientos y buscar estrategias que permitan que hablen o expresen lo que les ocurre de modo que los conflictos puedan ser abordados.

En efecto, la calidez es una herramienta que puede facilitar la manera en que abordamos los temas cotidianos de la crianza así como la crisis, sin embargo, requiere ser complementada con otros aspectos. Más adelante desarrollaremos contenidos en este sentido, que permitan ir aportando más recursos que sirvan de referencia para el día a día.

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2 comentarios en “Calidez: Brindar Seguridad y Afecto.

  1. Estaba pendiente de revisar este articulo, ya lo había leído días pasados pero ligeramente.Ahora pude apreciar mejor la intensión de tu enfoque.Muy interesante y sabes? También muy aplicable en la modalidad de Educ Especial, a nivel de los Talleres Laborales, ya son jóvenes con una edad cronológica de un adolescente hasta la adultes, con diversidad de condiciones, las cuales van desde mayores compromisos cognitivos asociados en algunos casos con otros síndromes, y se comportan como niños y esto dependerá de su madurez particular,en muchos casos atendemos jóvenes carentes de esa calidez que describes y que es tan importante en el desarrollo de la personalidad,he allí que es perfectamente adaptable en aula, en conversatorios con padres y representantes que necesitan tanto apoyo con esa responsabilidad que les toco vivir. Ahora te pregunto donde podemos percibir nosotros como padres y hasta docentes un episodio de malcriadez por simple manipulacion o en realidad es frustración ante una situación que el no puede manejar solo? Gracias Abel, tengo pendiente el otro articulo que es continuo a este sobre la Estructura.

    1. Sonia gracias por la gentileza de leer el artículo. Si, la cultura nos ha enseñado a entender cómo malcriadez y manipulación lo que puede estar más asociado a la frustración. Creo inclusive que si la manipulación se da es buscando obtener algún elemento que les haga sentir mejor frente a una frustración difícil de metabolizar para ellos.
      Saludos.

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