Objetivos a largo plazo: una luz al final del tunel

Dentro de la sección “En tiempos de crisis” iniciamos una serie de planteamientos que buscan poder contribuir en la búsqueda de respuestas en cuanto a la crianza de niños, niñas y adolescentes en contextos adversos. En esta ocasión partimos de dos preguntas ¿qué clase de persona quiero que sea mi hijo al crecer? y ¿qué tipo de relación quiero tener con él en 10 o 20 años? Plantearse esto puede parecer poco pertinente, bajo afirmaciones como “qué futuro puede haber si el país está así”… o “ahora no hay tiempo para pensar en eso, hay que resolver lo de hoy”. Sin embargo, tener claro a dónde se quiere ir es de vital importancia para poder optimizar los esfuerzos que se llevan a cabo cuando se cuenta con pocos recursos.

            Es habitual en la consulta y en los talleres que me toca facilitar escuchar como los padres tienen serias dificultades en la cotidianidad de la crianza, lo cual no ocurre porque la mayoría sean “malos padres”, sino por la forma en que abordan las situaciones con sus hijos. En condiciones normales los padres desean que sus hijos les obedezcan, no les contradigan, se mantengan en silencio, hagan las cosas rápidamente o sigan alguna instrucción específica. Estos aspectos son objetivos a corto plazo, los cuales se encuentran apuntando a la resolución de situaciones concretas, sin embargo, en estas encuentro que los padres invierten enormes sumas de tiempo y esfuerzo, con lo que al lograr lo que se han propuesto quedan realmente fatigados. Ponerse la ropa, recoger los juguetes, salir rápido de la casa, que ordenen su cuarto, entre otras tareas pueden ser verdaderas batallas en el hogar, con un saldo habitualmente poco positivo.

            Si preguntamos a los padres ¿qué clase de persona quiero que sea mi hijo al crecer? entonces encontraremos que desean sea una persona honesta, responsable, critico, independiente, seguro, educado, respetuoso entre otras características positivas. Y al hablar de la relación futura entonces remiten una de confianza, respeto, cercanía, afecto, tolerancia, comprensión mutua… La respuesta a estas dos preguntas nos remite a objetivos a largo plazo. La interrogante clave es ¿con batallas centradas en la obediencia y las tareas cotidianas se logra esto?

            No se trata de renunciar a los deberes, o a la enseñanza de hábitos y otros aspectos que promueven la convivencia. Se trata de pensar qué métodos utilizamos y en qué contexto esto se desarrolla. Si deseo que mi hijo sea una persona respetuosa, pero yo paso por encima de sus tiempos, necesidades y opiniones, difícilmente llegue a serlo de la forma en que lo quisiera. Los niños y adolescentes aprenden más de lo que hacemos que de lo que decimos, y en especial estos últimos tienen particular habilidad para detectar las contradicciones que exhibimos en nuestro comportamiento.

            Tener objetivos a largo plazo nos permite saber a dónde queremos ir y  orientarnos a modo de brújula en las situaciones concretas si vale la pena llevar a cabo una inversión elevada de tiempo o desgaste en algunos eventos puntuales, y más bien conduce a reenfocar cómo determinados momentos son oportunidades para trabajar en eso que queremos. La crisis constituye una excelente ocasión para poder formar en valores ciudadanos, en transformarnos demócratas, respetuosas de la diversidad y capaz de ejercer el poder de modo no autoritario.

            No se trata de renunciar a la autoridad que los padres o docentes tienen, sino a encontrar un camino más eficiente para su ejercicio. Me pregunto, ¿alguien que debe demostrar a cada momento el poder que ostenta y  cada desafío o interrogante lo amenaza nos transmite una impresión de seguridad? Escoger cuales son los momentos donde debemos tomar posiciones más firmes no significa perder poder sino reducir el desgaste.

            En tiempos de conflictividad donde puede resultar difícil salir de casa tener que discutir a cada momento sobre todas las decisiones genera en nosotros desgaste, lo cual nos hace más propensos a comportarnos de manera hostil. La idea es no llegar a ese punto, puesto que como mencionábamos en el artículo anterior las respuestas automáticas no ofrecen los mejores resultados y siempre podemos hacer pausas que permitan bajar la presión antes de responder. El objetivo a largo plazo marca la ruta, y para llegar a esta podemos emplear diversos caminos siempre y cuando estos mantengan la coherencia y nos aproximen.

            Para poder trabajar en una lógica de objetivos a largo plazo requerimos hacer uso de estrategias participativas, puesto que cuando incorporamos en la toma de decisiones cotidianas a los niños, niñas y adolescentes estos dejan de enfrentarse a nosotros y alcanzamos acuerdos más duraderos. Es conveniente pensar en qué clase de persona quieren ser ellos y cómo quieren que sea la relación entre ustedes… Construir un espacio en casa o el salón donde estos objetivos queden visibles puede ser un excelente recordatorio para todos de cuál es el plan que se tiene. Es conveniente recordar que como adultos tenemos control de cuáles son las alternativas que podemos ofrecer, y en esto reside una forma altamente efectiva de establecer límites.

            Los límites no son una cartilla de prohibiciones que arbitrariamente imponemos, sino por el contrario implican reducir la complejidad de la experiencia, lo cual dicho en otras palabras, significa proporcionar al niño, niña o adolescente alternativas que pueda manejar con su nivel de madurez. En consecuencia, sin necesidad de prohibir, sino teniendo presente cuáles son las características de mi hijo o estudiante, puedo proporcionarle opciones para afrontar las situaciones o retos que tenemos por delante, haciéndole sentir tomado en cuenta, útil e independiente, sin que por ello debamos renunciar a nuestra tarea de formar y proteger.

            Pensar en objetivos a largo plazo y un manejo adecuado de los límites nos lleva a acompañar a los niños y adolescentes en su proceso de desarrollo de manera respetuosa y con un menor desgaste personal. No precisamos hacer de cada evento una pugna, podemos por el contrario en los momentos que tenemos a mano aprovechar para construir ese futuro que queremos lograr. No se trata de hacerle ver al niño quien manda, sino de alcanzar esa meta que nos hemos dispuesto, y para ello es indispensable tener capacidad de perspectiva.

            En tiempos de crisis uno de los elementos que más nos pueden hacer sentir frustración o tristeza es no tener salida a los problemas que se nos presentan, lo cual es llamado habitualmente “visión de túnel”, es normal que nos sintamos desorientados y nos tropecemos. En ese sentido, pensemos en los objetivos a largo plazo como una estrategia para encontrar salida, tener propósitos que dirijan nuestros esfuerzos y por los cuales nos comprometemos es una manera de situarnos en el presente sin perder de vista la responsabilidad de nuestros actos. Articular esfuerzos para hacer posible la realidad que queremos es una empresa no solo necesaria sino estimulante.

luz al final del tunel 2

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2 comentarios en “Objetivos a largo plazo: una luz al final del tunel

  1. Excelente enfoque sobre la ardua tarea de formar a los hijos,es una tarea que debe estar sobre otra cosa llena de amor, pero amor sano sin apegos, pero ese es otro tema,creo no equivocarme al afirmar que queremos hijos mas que buenos, felices,claro el ser bueno esta compuesto por parámetros sociales de convivencia, que no son menos importantes para una sana socialización,quiero enviarte un escrito que encontré y me gusto mucho, el autor es anónimo, que quizás una vez que lo leas te motivara a escribir sobre el, enmarcándolo desde tu enfoque muy personal.** El Método de la No Imposición: El maestro de aquel instituto era muy estimado por su sabiduría,por su buen carácter y por su forma de razonar.El método que el aplicaba era el de la No imposición,que consistía en no dar nada por cierto, sino que la certeza debía salir de las discusiones entre los alumnos.iniciando las clases con una pregunta abierta. Qué opina ud sobre tal tema? Y de allí surgían las mas variadas preguntas,el maestro escuchaba, escribía encaminaba el tema si sentía dispersión,propiciaba la creatividad, la construcción de los aprendizajes a partir del intercambio entre los presentes,todos eran protagonistas,..** Imaginas que dinámica tan interesante ?…traigo a referencia este escrito Abel, por lo que comentas de los limites que no deben ser manuales llenos de ordenes…estoy parafraseando, ..y pienso que si aplicamos la no imposición en la vida diaria los resultados pueden ser muy gratificantes.Bueno amigo, te dejo este material porque se que tu le vas a sacar punta y puede ser de provecho para otros padres y docentes.Gracias por leer esta humilde opinión pero que va cargada de mucho interés en ayudar a quien lo necesite..seguiré leyendo y quizás opinando mis Respeto.

    1. Creo que lo que dices tiene gran valor y parto de que podemos llegar a construir nuevas formas de autoridad desde el respeto y el saber de las personas. Gracias a ti por tomarte el tiempo para leer el artículo.

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