El Ciprés

Conversaba recientemente con Oscar Misle, de camino a un conversatorio que realizaríamos en un colegio de un barrio en Caracas sobre la importancia de generar espacios para re-pensar nuestra realidad, cuando me contaba una anécdota de los orígenes de Cecodap. Deseo compartirla con ustedes

Cecodap, nace hace más de 30 años en el barrio El Ciprés, en la parroquia Macarao.  En ese tiempo, como su nombre lo indica era “Centros Comunitarios de Aprendizaje”,  y tanto Oscar como Fernando Pereira se percatan que los niños de la comunidad desconocían por qué su comunidad recibía el nombre de “El Ciprés”. El cual tiene su origen en un árbol de este tipo que se encontraba en la entrada del barrio. Entonces deciden realizar actividades para trabajar este tema con los niños en edad preescolar.

En ese tiempo el metro de Caracas realizaba unas obras por la zona, amenazando con dañar muchas de las casas de la comunidad y no se encontraba en disposición de indemnizar a los afectados.  Bajo este contexto,  Oscar y Fernando decidieron realizar una obra de títeres, que como podrán imaginarse fue realizada con más amor que recursos. Cecodap era apenas una casa de techo de zinc con paredes de cartón piedra, llena de sueños. Dicha obra de títeres tenía una canción que hablaba de la fortaleza del Ciprés en su gente, si estaban unidos no habría forma de tumbar a este árbol, quien como podrán imaginarse era el personaje principal de la historia.

En la medida que la obra fue realizándose, no sólo niños se acercaban, adultos de la comunidad se sumaron también. Cantaban la canción del Ciprés y poco a poco se fueron agrupando al ritmo de este llamado a la unión. Comenzó a surgir una necesidad de organización, se conformó el primer comité de vecinos para dialogar con el Metro de Caracas, el cual acabó por conseguir que dicha empresa indemnizara a los afectados por sus trabajos.

A este punto se preguntarán ¿por qué narrar toda esta anécdota? Más allá de plasmar en escrito un aspecto de la historia de Cecodap y la ciudad, interesa porque nos habla de apertura de espacios para la creatividad, el arte y la expresión, capaces de generar reflexión, movilización y cambio.

Pensemos por un momento, ¿qué inspiró a la comunidad? Definitivamente no fue un despliegue tecnológico, estético o  de recursos materiales, sino una canción, unos títeres… No era cualquier canción, o cualquier títere. Tocaba una fibra del sentimiento de la comunidad, su identidad se constituía a partir de un símbolo y la unión de sus habitantes. Ese títere, movilizaba no por lo bonito o feo que podría ser, era una expresión de algo común a todos, tan común que muchas personas desconocían que a ese árbol se debía el nombre del lugar donde vivían…

Son numerosas las bondades que pueden describirse de vincular la educación al arte, no pretendo detallarlas todas, sino poner sobre la mesa dos aspectos fundamentales. El primero, tiene que ver con la necesidad de generar espacios para los afectos, sentimientos, deseos y preocupaciones. No es indispensable acostar a todos los miembros de la comunidad en un diván, sino habilitar lugares en los cuales sea posible expresarse, directa o indirectamente. Un símbolo puede despertar o hacer consciente afectos o inquietudes que sin este encuentro probablemente pudieron pasar por desapercibidos.

El segundo de estos elementos nos habla de que para movilizar, inspirar y generar cambios no es indispensable tener grandes recursos materiales, sino sensibilidad, creatividad y conexión con la realidad. Bastó con unos títeres, en un escenario improvisado, con el mensaje correcto hecho canción para que una comunidad pudiera sentir el impulso necesario para conducir un proceso de lucha y reivindicación social.

¿Cuántas veces dejamos de hacer por pensar que no tenemos los medios necesarios para llevar a cabo nuestras ideas? Esto que me pregunto aplica para la vida cotidiana, toca de forma muy particular a la educación y las organizaciones sociales. Vivimos los tiempos de una crisis social en Venezuela de dimensiones difíciles de calcular, donde el desamparo, el temor, la rabia y la frustración están a la orden del día… parece que no hay mucho que pueda hacerse si no se tienen los medios suficientes para el cambio.

Pues déjenme compartirles  para finalizar, que en el Ciprés también había rabia, temor, impotencia y desamparo en una lucha contra una de las más grandes empresas de su tiempo. Pero esta comunidad encontró fuerza en una canción e inspiración en una obra de títeres para hacer frente a sus dificultades y conseguir transformar su destino…

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4 comentarios en “El Ciprés

  1. Es maravilloso contar con seres humanos que se preocupan en alto grado por defender el derecho al conocimiento, a los valores, en una sociedad que va perdiendo la importancia de sus ciudadanos, en una auto destrucción galopante. Todavía hay como rescatar ese tesoro propio del venezolano, un granito más en este hermoso país, que con la bendición del Todopoderoso saldremos adelante!!! Recultivandonos.

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