El Tucán Azul

¿Se puede aprender con miedo? ¿cómo se ven afectadas las escuelas por la inseguridad? Estas fueron un par de preguntas que me hice la mañana de ayer tras la experiencia que tuvimos Carlos Trapani y yo cuando nos disponíamos a facilitar un conversatorio, como parte de nuestras actividades en Cecodap, en el Maternal El Tucán Azul, ubicado en la Urb. Colinas de Bello Monte en Caracas, cuando me percato de que frente a dicho espacio educativo se encontraba una patrulla del cuerpo policial del municipio donde nos encontrábamos con algunos oficiales. La primera interpretación que atino a realizar es que probablemente alguno de los funcionarios policiales tendría inscrito a un hijo o hija en dicho espacio, de hecho, sin sobresalto me encontraba leyendo las noticias en el diario de costumbre,  y escuchando la radio. Al llegar mi compañero nos disponemos a entrar y recibimos la noticia de que en las horas previas a la hora prevista para la actividad se produjo un robo a la institución, en el cual fueron hurtados monitores de computadora, insumos de oficina y algunos alimentos de la cocina.

Una noticia de este tipo suele generar conmoción en un entorno no preparado para recibir la violencia, y en efecto se suspendieron las actividades. Vemos de entrada que el robo no solamente afecta a la comunidad educativa al comprometer el patrimonio, sino que además irrumpe en la cotidianidad de los padres y madres, que teniendo que trabajar y cubrir sus rutinas deben alterarlas para poder hacerse cargo de sus hijos en edad preescolar.

Evidentemente en este contexto no había espacio para realizar un conversatorio sobre disciplina positiva. Convendría formularse una pregunta ¿por qué? La respuesta parece obvia, nadie quiere aprender o formarse en algo cuando está molesto, siente rabia o impotencia, o peor aún, cuando tiene miedo… Entonces, tuve que preguntarme nuevamente ¿acaso solamente sentimos estas cosas en un día como hoy? ¿No se nos habrán hecho cada vez más cotidianos estos sentimientos? Lamentablemente siento que sí, y como consecuencia, cada vez más actividades deben ser suspendidas, reprogramadas o ajustadas para sobrellevar el impacto de una violencia diaria, masiva y abrumadora.

Solamente durante el mes de enero, según los datos que levanta la Agencia Pana de Cecodap, 111 instituciones educativas han sido víctimas de acciones delictivas tipo robo, teniendo como principales motivos el robo de comida, de canaimitas, aires acondicionados y otros objetos de valor; con la particularidad de que estos robos ocurren de forma reiterada en breves lapsos de tiempo. Pensar que sólo durante enero 2017 se ha registrado dicho volumen de robos nos habla de que más de 3 escuelas resultan violentadas todos los días, docentes, niños, niñas y adolescentes, padres y madres, y la comunidad en general se ven afectados ante hechos que tienden a quedar impunes.

Lógicamente la actividad tal y como se ha dicho debió ser replanteada, sin embargo, parecemos dejar de lado que cotidianamente la escuela se ve enfrentada al miedo, la rabia, la frustración, sin mayores posibilidades de cambios, o reprogramaciones. La rutina de un centro educativo sigue, pero tal y como reza el dicho, “la procesión va por dentro”… ¿Es posible alcanzar una educación de calidad cuando los docentes y sus estudiantes; por pequeños que parezcan tienen miedo?

Lamentablemente me temo que frente a esta última interrogante la respuesta es negativa, definitivamente no puede darse una educación de calidad en un entorno donde impera el miedo, la rabia y la frustración. Es muy difícil aprender bajo estas condiciones, pero así mismo enseñar. No quiero decir con esto que bajemos las banderas y nos demos por vencidos, más bien, creo que debemos hacer un fuerte énfasis en la importancia que adquieren nuestros sentimientos frente a los tiempos que vivimos, para poder darles un lugar, hacerlos visibles y poder mitigar los efectos de una realidad que cuando menos se nos hace cruel.

Plantearse una escuela que no se detiene a pensar su andar, y que continúa soportando los embates de la violencia sin revisarse sería un grave error. Hoy por hoy no disponemos de las armas, o la confianza en un estado garante del respeto a la justicia y la convivencia ciudadana, sin embargo, disponemos de la capacidad de hacernos preguntas, y buscar respuestas al miedo,  la frustración y la angustia, que nos deje la convicción de que aunque pueden ser dañados e inclusive robados nuestros objetos personales, mobiliario, entre otros elementos materiales, no pueden hurtarnos nuestra capacidad de ver y aprender del mundo que nos rodea para transformarlo en un mejor lugar.

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